Trastornos bipolares

Los Trastornos Bipolares (también llamado Maníaco – Depresivos) son un conjunto de enfermedades del sistema nervioso central en donde se afectan los sistemas que regulan el normal fluir de los estados del ánimo.  Los trastornos bipolares afectan a millones de personas en todo el mundo sin respetar fronteras culturales, económicas ó raciales. Se calcula que aproximadamente el 4% de la población presenta alguna de las formas de trastorno bipolar.

Incluye episodios  de depresión y exaltación del estado de ánimo y el comportamiento (consumo de alcohol , otras drogas, juegos de azar), gastos sin control en los llamados episodios de manía o hipomanía en dependencia de la severidad. Las complicaciones más temidas son el suicidio, conflictos, dificultades legales, económicas y sociales, lo que además afecta a la familia, amistades y el trabajo.

La combinación de medicamentos, psicoeducación y psicoterapia es lo más recomendable.

Debido a los cambios anímicos característicos de la enfermedad, la persona con diagnóstico de Trastorno Bipolar experimenta con frecuencia una ruptura en las relaciones interpersonales, tanto a nivel social, profesional conyugal y/o familiar.

Es importante saber que con el tiempo, las recaídas serán cada vez menos frecuentes, más cortas y de menor intensidad. Siempre y cuando haya mucha cooperación con las recomendaciones hechas por el equipo interdisciplinario de salud (Psiquiatra, Psicólogo(a), Trabajador(a) social).

 

Entre los episodios afectivos de los trastornos del ánimo se encuentran los siguientes:

Episodio depresivo

Estado de ánimo depresivo con pérdida de interés o de la capacidad de disfrutar en actividades que normalmente generan placer.

Episodio maníaco

Euforia, exaltación y energía, cambios en el comportamiento, insomnio y pueden cursar con ideas delirantes, alucinaciones, etc.

Episodio hipomaníaco

Estado de ánimo elevado y expansivo, que no son tan severos como los síntomas del episodio maníaco.

Episodio mixto

La persona experimenta estados de ánimo que se alternan con rapidez (tristeza, irritabilidad, euforia), acompañados de síntomas de un episodio maníaco y de un episodio depresivo mayor.

Los medicamentos, son de gran importancia en esta enfermedad. Se utilizan para restablecer el equilibrio y estabilizar los síntomas. Además de generar una recuperación y una mejoría en la salud.?

Se puede empeorar la enfermedad y muchas veces puede ocurrir un ingreso hospitalario. No dude en conversar con psiquiatría, si usted:

  • Se siente mal porque son los medicamentos y no uno mismo quien controla el propio estado de ánimo.
  • Cree que es capaz de controlar el TAB sin necesidad de tomar ningún medicamento.
  • Niega la enfermedad.
  • Deja de tomar los medicamentos por los efectos secundarios que producen.
  • Tiene miedo de las consecuencias a largo plazo con la toma de los medicamentos.
  • Cree que los medicamentos “crean dependencia”.
  • Esta desinformado del manejo del tratamiento.
  • En los periodos de estabilidad emociona (eutimia) no toma los medicamentos.
  • Cree que los resultados de tomar o no tomar los medicamentos son los mismos.

La posibilidad de sufrir un episodio o recaída no desaparece, pero lo cierto es que la probabilidad de que esto ocurra es mucho menor en pacientes que cumplen con el tratamiento farmacológico.

 

PSICOTERAPIA

La psicoterapia, ayuda a los pacientes a enfrentar los problemas cotidianos mejorando el pronóstico de la enfermedad y la adherencia (continuidad del tratamiento farmacológico), pero DE NINGUNA MANERA sustituye la terapia farmacológica.

 

Los principales objetivos de la psicoeducación son:

  • Aumentar la conciencia de la enfermedad en el paciente y la familia.
  • Disminuir la estigmatización.
  • Aumentar la adherencia al tratamiento.
  • Evitar el abuso de sustancias y alcohol.
  • Identificar los síntomas previos a una recaída.
  • Manejar el estrés.
  • Aprender a enfrentar las consecuencias psicosociales de las recaídas.
  • Prevenir conductas suicidas.
  • Mejorar el funcionamiento a nivel personal.
  • Manejar los síntomas de alerta de la enfermedad.
  • Mejorar la calidad de vida de los pacientes y familiares.
  • Mejorar el cumplimiento de la medicación, al identificar las ideas y preocupaciones específicas que puedan interferir con el tratamiento.
  • Desarrollar estrategias conductuales concretas y específicas para el cumplimiento diario del tratamiento.
  • Ayudar a los pacientes a supervisar su actividad y niveles de sueño y procurar un horario regular.